Décima y última etapa. Palas do Rei a Santiago de Compostela
Después del pulpo de Melide de la cena de anoche, hoy el dia ha amanecido más alegre. No por el Ribeiro ni el orujo al que nos invitó el dueño del Restaurante Garnacha pero si porqué todos sabíamos que íbamos ha empezar la última etapa, la que nos llevaría al final de nuestro reto, de nuestro Camino o de sus vacaciones para algunos.
Dormíamos en el albergue con un grupo de siete ciclistas que nos íbamos encontrando por el Camino, los dos italianos con los que cenamos en Melide, yo y mi compañero Koldo.
Después del desayuno en el restaurant cercano al albergue, todos juntos nos disponemos ha empezar la jornada. El dia se nos ha aparecido radiante: hace un poco de fresquito pero no hace frio. Está saliendo el sol pero no promete ser caluroso. Perfecto para ir en bici.
Una foto todos juntos y empezamos el Camino.
Pronto se observa que el grupo de siete va a su aire. Koldo y yo nos quedamos con los nuevos amigos italianos y hacemos todo el trayecto juntos.
Parece una etapa alegre –y lo es- pero no fácil. La alegría de llegar a Santiago no esconde que nos estamos encontrando con muchos desniveles que, aunque no son exagerados –superado O’Cebreiro pocas cosas lo son- son constantes. Subes intenso en algunas zonas y luego bajas, aunque las bajadas no son lo suficiente largas como para recuperarte del todo.
No es una etapa dura pero si bastante rompepiernas y tenemos que sumar el desgaste de los días anteriores. Todo ello te asegura el cansancio... y de forma importante.
El inicio de la jornada es impresionante. El rocio de la noche aún está abrazando a la vegetación. Olor y color por doquier. A medida que el dia avanza el Camino es más seco, pero con bosques de extensa y espesa vegetación. Árboles altísimos que te saludan a tu paso, animados por el poco viento que les agita. En el suelo, los árboles ahogándose con los abrazos de las enredaderas que no sueltan el tronco des de hace mucho tiempo. Algunos robles que encontramos por el camino son testimonio antiguo del paso de muchos, muchísimnos pelegrinos. En algunos, dos personas no los rodeamos con nuestros brazos.
En esta jornada encontramos a muchos pelegrinos caminando. "Buen Camino" nos decimos todos, pero la tonalidad a cambiado. Recuerdo los primeros dias que tanto yo como quien me encontraba haciamos la expresión de buen deseo con alegria, empezaba el Camino. Poco más tarde, todos -a pie o en bici- ya más cansados, lo deciamos por convencimiento e intentando dar ánimo a quien superabas, a quien dejabas atràs. Hoy la misma expresión es más alegre, es un "buen Camino" que quiere decir "venga, vamos, un esfuerzo que ya llegamos. Venga, saca fuerza de tu interior que tu reto está a punto de conseguirse".
Ciertamente mi estado de forma física a ido mejorando etapa tras etapa. Ya no pongo el pie en el suelo para nada. Subo las cuestas con mucho esfurzo pero sin parar. Noto mis músculos mucho más capaces y a mi mente le es mucho más fácil enfrentarse al esfuerzo. Me siento pletórico.
Durante esta última etapa vamos encontrando cada 500 m la señalización de los Km que faltan para llegar a Santiago. Que ilusión cuando vi la de los 50 Km. Cada dia he hecho más de 80 Km y ahora solo me faltan 50. Esto es grande. Estoy a "un paso"!
Cual caballo desbocado, sin darte cuenta vas acelerando, no para llegar a Santiago sinó para encontrar la siguiente señalización. Sin darte cuenta llego al Km 26. Estamos a un paso del 25.
Lucio el italiano grita: foto al 25 Km avisar quien lo vea! Seguro que estaba allí pero no lo vimos. Puede que fuésemos demasiado deprisa -cuando era posible le dabamos "caña"- !Que disfrute!
Estamos cerca. Superado el Km 15. Pero las piernas ya flaquean. No se divisa Santiago, si algunos aviones que se acercan a su aeropuerto. El Camino lo tomamos con más tranquilidad. Sin decirnos nada parece que hayamos puesto el freno. al llegar a Santiaso esta experiencia se termina. Da la sensación que no queremos llegar que queremos que se alargue un poco más.
La últimas subidas son duras y largas. Recuerdo perfectamente: supero el Km 12. No se porqué pero la humedad de la emoción llena mis ojos. Muchas cosas pasan por mi cabeza: estoy a punto de conseguir un reto muy importante para mi, estoy a punto de cumplir un sueño que hacia tiempo que queria cumplir...y en solitario. Me acuerdo de muchos y muchas -y estoy subiendo otro ascenso, pedaleando de pie, con fuerza y esta fuerza se me traslada a la mente-. La família, mi madre, mi mujer, mis hijos, mi hermana y su hija, el amigo Joan que al final no me acompañó, el grupo de amigos y amigas, compañeros del trabajo. Relaciones y sensaciones. Pocos momentos me pasan por la cabeza pero si muchas personas relacionadas con emociones. Alegres unas, mejorables otras.
Faltan aún 11 Km. Como decimos los catalanes, al sac i ben lligat. No he tenido problemas con la bici, no sea que ahora los tenga.
Donde está el Monte do Gozo? última prueba a superar. Lucio nos explica donde está -nos faltan 4 Km para llegar a él- y nos recuerda que el Papa hizo una misa en él. Por fin después de una subida que parecia la última, nos encontramos con el inicio del Monte do Gozo. Vaya calentón debia llevar quien le puso el nombre!. Sube y sube pero al final lo conquistamos. En la cima nos encontramos a una pareja que !casualidad! tambien son de Granollers, como yo. Ellos han hecho el Camino del Norte.
Juntos hacemos los últimos Km hasta la entrada de Santiago. Nos faltan pocos, poquísimos Km para llegar a la plaza del Obradoiro. Nos encontramos la señalización de "Santiago". Nos paramos a hacer una foto. La pareja de Granollers se despide de nosotros.
Seguimos por las calles de Santiago hasta emprender el camino de las flechas. Queremos llegar por el Camino oficial, legal, el Cami no del Pelegrino.
A lo lejos se ve el campanario y las torres de la catedral. Ya hemos llegado. Nos adentramos por las calles estrechas de detrás de la catedral. Se oye una gaita y nos encontramos unas escaleras. No daré la vuelta. Faltan 20 metros. Bajamos las escaleras y justo allí mismo subo a la bicicleta. LLEGO a la plaza Obradorio pedaleando.
No puedo más. Las emociones me embargan. Estoy muy, muy contento, puedo decir que estoy feliz. Lo he conseguido. Soy, me siento muy grande. Me aparto de los tres compañeros y me pongo a llorar. Delante mio está la Catedral y yo a sus pies con la bici.
Dime algo que no se pueda conseguir. Casi nada. Esfuerzo, tesón, un poco de preparación, mucha ilusión, más ilusión y una gran dosis de quererlo...creo que son los requisitos para triunfar. En la bici?, en el Camino? No, en todo. En casa, en el trabajo, en los hobys, con la familia y con los amigos -con los amigos, aquelllos pocos que tenemos todos-, con las nuevas y viejas amistades, con los conocidos...y lo más tranquilizante: no llegué solo. Llegamos muchos aquella tarda. No hay "únicos", muchos pueden, pero demasiados no se atreven. O si se atreven pero no lo intentan.
Llegar a Santiago no te convierte en superman pero si te hace sentirte grande -como los demás- pero tus sensaciones son tuyas y por lo tanto únicas.
Se acerca uno de los compañeros italianos. Viene emocionado. Me ve los ojos y me abraza. Tambien llora de la emoción - más tarde y más tranquilos me contó el porqué de su emoción-.
Unas cuantas fotos más tarde y después de saludar a mi hijo mayor desde la webcam de la plaza Obradoiro, nos vamos a la oficina del pelegrino. Enseño muy orgulloso mi credencial -solo queda espacio para el sello de Santiago-y me dan mi Compostelana. Georgium es mi nombre en latín.
Nos despedimos de los amigos italianos. Koldo viene a mi Albergue a ducharse. Él vuelve a casa esta noche con bus. Quedamos los 4 para tomar una cerveza más tarde y cenar alguna cosa.
Estoy muy relajado. He cumplido un sueño. He realizado un reto. Pronto...a por otro.

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